PROGRAMA
INTER-INSTITUCIONAL DE APOYO A LA RECONSTRUCCIÓN DE
PUEBLOS RURALES EN NASCA Y ACARI (ICA Y AREQUIPA) EL
SISMO
DE NASCA, 1996
El terremoto de Nasca afectó un sector amplio del
sur del Perú y generó la movilización de distintas
instituciones oficiales y no gubernamentales con el
propósito de apoyar la atención de las necesidades
de emergencia de la población afectada y las necesidades
de reconstrucción producidas a partir de este desastre.
El 12 de noviembre de 1996, a las 17:00 horas, se produjo
en la zona, un movimiento de 6,4 grados Richter, con
epicentro localizado en el mar, a 135 Km. al sur-oeste
de la ciudad de Nasca, impactando principalmente en
las provincias de Palpa y Nasca, en el departamento
de Ica, así como en las provincias de Caravelí y Lucanas,
ubicadas en los departamentos de Arequipa y Ayacucho,
respectivamente.
Ante este desastre, Predes gestionó recursos provenientes
de distintas agencias de Cooperación Técnica Internacional
y en alianza con otras instituciones nacionales, condujo
en coordinación y concertación con los gobiernos locales
y la propia población afectada, un Programa Interinstitucional
de Apoyo a la Reconstrucción de Pueblos Rurales en la
provincia de Nasca, departamento de Ica, y en el distrito
de Acarí, provincia de Caravelí, departamento de Arequipa.
La intervención tuvo dos premisas básicas: la primera,
que las causas de los graves impactos se hallaban en
la situación de pobreza y precariedad habitacional,
social y económica previamente existentes, y que el
sismo sólo había contribuido en agudizar, la segunda,
que la reconstrucción, por tanto, no debía significar
reponer en condiciones similares lo destruido o dañado,
sino fundamentalmente debía ser enfocada como oportunidad
para impulsar procesos de desarrollo local con seguridad.
Peligro y vulnerabilidad
Ubicada en una de las regiones sísmicas más activas
de la costa del Perú, la zona tiene un factor de amenaza
permanente originada por la interacción y subducción
de la placa tectónica de Nasca -oceánica- con respecto
a la placa continental o sudamericana. Este choque de
placas es y será fuente constante de acumulación de
esfuerzos y tensiones que se liberan a través de los
movimientos sísmicos.
Registros históricos de los últimos siglos revelan
que esta zona ha sido afectada por terremotos en forma
recurrente. Antes de 1996, se produjeron terremotos
en 1913, 1922, 1942 y 1960. Se recuerda como catastrófico
el terremoto de 1942, ocurrido el 24 de agosto, cuando la ciudad de Nasca soportó un sismo de magnitud
8,2 Mw (IX grados en la escala de Mercalli Modificada),
que dejó parcialmente destruida la ciudad y en escombros
a los pueblos de Acarí y Jaqui.
Las poblaciones del sur de Ica sufren agudas
condiciones de pobreza e informalidad, expresadas en
el predominio de la precariedad y/o informalidad de
las actividades económicas, agrícolas y mineras, la precariedad
de viviendas construidas predominantemente en adobe
tanto en las ciudades como en el campo, la informalidad
en la posesión de los suelos donde se levantan las viviendas,
particularmente en la provincia de Nasca, déficits inusitados
de infraestructura y servicios básicos y un dramático
deterioro del medio ambiente. A ello se agregó años
atrás, el fenómeno de la migración de la población andina
desplazada por la violencia política, con un débil tejido
social y una débil institucionalidad pública y comunal.
Los daños
Según informaciones oficiales, el sismo causó la pérdida
de 17 vidas, 1 591 heridos y 92 713 damnificados, ocasionando
5 171 viviendas destruidas, 12 242 viviendas, 441 centros
educativos, 40 centros de salud y 36 locales públicos
afectados, canales de regadío y carreteras dañadas por
derrumbes. El evento impactó los servicios de agua y
desagüe en la ciudad y los servicios de abastecimiento
de agua rurales. En los distritos de Acarí, Nasca y
Palpa fueron afectadas 7 000 hectáreas de zonas de cultivo.
La pérdida económica por daños directos en el área de
mayor impacto, ascendió según estimaciones oficiales
a US$ 42 847 000.
El movimiento sísmico causó además el derrumbe de
depósitos de relaves en el campamento minero de Otapara,
localizado en el distrito de Acarí, provincia de Caravelí,
causando la destrucción de cultivos y áreas agrícolas
ubicadas en las áreas ribereñas al río Acarí y principalmente
la contaminación de sus aguas con una serie de sustancias
químicas tóxicas y venenosas como cobre, plomo, mercurio,
arsénico y cianuro. Las aguas de este río transportadas
a través de canales de regadío, eran utilizadas para
el riego de cultivos, e inclusive para el consumo
directo de poblaciones, como en el caso del centro
poblado El Molino. El derrumbe de los relaves y la
contaminación que produjo causó la muerte de los recursos
ictiológicos del río (peces y camarones) y grave impacto
en la agricultura, la ganadería, en la disponibilidad
de agua segura para el consumo y en la salud de la
población de ese valle.
La destrucción dejó sin hogar a miles de familias
tanto en las áreas urbanas como rurales, siendo más
agudo el problema en la provincia de Nasca y en los
distritos de Acarí y Jaqui, de la provincia de Caravelí.
En la ciudad de Nasca el sismo destruyó viviendas
en el centro de la ciudad y en los sectores urbano
marginales y reveló la generalizada informalidad en
la tenencia de los suelos, con ocupantes que acreditaban
posesión pero no exhibían títulos legales de propiedad,
de otro lado en el centro de Nasca, la mayoría de
viviendas era
compartida con inquilinos, lo que generó dos sectores
de damnificados: inquilinos y posesionarios de las
viviendas destruidas, con demandas diferentes cada
uno, ya que los posesionarios exigían al gobierno
apoyo para reconstruir sus viviendas pero no reconocían
a los inquilinos el derecho a quedarse en ellas, lo
cual planteó tres problemas a resolver: el saneamiento
físico-legal de los suelos, la relocalización de los
inquilinos y la reconstrucción de viviendas.
En las áreas rurales se puso de relieve que las familias
afectadas no tenían establecido legalmente un derecho
privado con respecto a los terrenos que ocupaban en
los poblados -como rezago de las ex cooperativas se
mantenían aún como patrimonio común de los ex socios-;
sin embargo las juntas de productores de cada poblado
reconocían a los parceleros el derecho de ocupación
legal de un lote de terreno dentro del pueblo para reconstruir
su vivienda, que no reconocía en muchos casos a los
campesinos sin tierras o jornaleros -hijos de los parceleros
o migrantes-, que también habían perdido viviendas.
Esto planteó también en las áreas rurales resolver tres
problemas, el saneamiento físico-legal de los suelos
de los asentamientos rurales, el acceso al suelo para
vivienda de los campesinos jornaleros y la reconstrucción
de las viviendas rurales.
El
programa
El programa tuvo como propósito mejorar las condiciones
de vivienda y de seguridad física del hábitat rural
afectado y promover el desarrollo de las capacidades
locales con ese fin. Se concentró en 10 poblados rurales:
Pajonal
Bajo, Copara, Las Trancas y Santa Luisa, localizados
en los distritos de Nasca y Vista Alegre, provincia
de Nasca, Departamento de Ica;
San Salvador y Santa Isabel en el distrito de Ingenio,
provincia de Nasca, Departamento de Ica,
Chocavento, El Molino y Otapara en el distrito de Acarí,
provincia de Caravelí, Departamento de Arequipa. |