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Se
producen entre los meses de noviembre y abril de cada año,
durante la temporada de lluvias.
En la Costa existen 53 cuencas, cuyos ríos se
originan en la cordillera de los Andes y desembocan en el Pacífico. La
gran de mayoría de ellos solamente conduce agua durante los meses de diciembre a abril,
permaneciendo el resto del año con bajos caudales. 
En la Sierra y Selva existen 42 cuencas que conducen sus aguas hacia el Atlántico.
Hay 7 cuencas alrededor del Lago Titicaca.
Los desbordes se producen en mayor medida en las llanuras, donde el río alcanza
pendientes de 0 a 5%, que para el caso de los ríos de la Costa y los de la vertiente
del Lago Titicaca, son los tramos finales antes de su desembocadura. Debido al arrastre
de suelos que luego se depositan y sedimentan en las partes planas, cada año los ríos
desbordan con menor caudal.
La crecida de los ríos también producen la erosión y caídas de los
taludes laterales, cortando así a las carreteras que generalmente discurren paralelas a
ellos y los terrenos de cultivo en las márgenes. En años del Fenómeno El Niño, las
crecidas extraordinarias causan muchos más daños e incluso la caída de puentes.
Las inundaciones destruyen con gran facilidad viviendas de adobe,
hacen colapsar las redes de alcantarillado, pozos y
captaciones de agua.
El empozamiento de aguas en zonas planas u hondonadas facilita la reproducción de insectos que trasmiten la
malaria, el paludismo, el dengue y otras enfermedades tropicales que afectan masivamente
a la población.
VULNERABILIDAD A INUNDACIONES
Vulnerabilidad de las cuencas. Un primer nivel
de vulnerabilidad es el que presentan las montañas deforestadas cada vez en mayor medida,
debido a prácticas de cultivo equivocadas, no adecuadas, y por efecto de la extracción
de madera que continúa sin control. Las lluvias lavan los suelos en las laderas y estos
son transportados hacia los ríos y luego hacia el mar.
Vulnerabilidad de la población e
infraestructura. Están expuestas a inundaciones las ciudades y cultivos en las llanuras
de inundación, así como las carreteras que corren sobre plataformas
que no están adecuadamente protegidas de la erosión, por lo cual son cortadas y colapsan
frecuentemente. Su vulnerabilidad deriva de su inadecuada
localización, en tal sentido, el factor ubicación de los poblados es
decisivo.
El tipo de vivienda y el material de que está
construida también es otro factor de vulnerabilidad. La mayoría de
viviendas son de adobe por lo cual las inundaciones y las lluvias intensas erosionan,
humedecen sus bases y finalmente causan el derrumbe de las casas.
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